Pasos Firmes hacia la Justicia

El relato de Gabriela, luchando por la compensación justa tras un accidente con secuelas.

Gabriela. Su nombre resonaba en mi mente como un eco de lucha y determinación. Una peatona, víctima de un desafortunado accidente. Ella cruzaba la esquina correctamente, siguiendo las reglas, cuando un auto, impulsado por el azar cegador del sol, la arrolló sin previo aviso.

El dolor en su pierna se convirtió en un compañero constante. Cada paso era un recordatorio de aquel fatídico día. Después de la denuncia policial, el reclamo a la aseguradora fue el siguiente paso natural, pero el bloqueo directo de la aseguradora complicó aún más su situación.

Mi consejo fue claro: acudir a mi médico legista para obtener un informe detallado sobre su incapacidad. Los números hablaban por sí solos: el porcentaje de incapacidad era significativo. Sin embargo, la aseguradora no mostraba signos de ceder, hasta que, de alguna manera, tuvieron conocimiento de su intención de tomar acciones legales.

Les dije a Gabriela que no respondiera a sus intentos de contacto y que les proporcionará directamente mi número. Fue entonces cuando Zurich, la aseguradora, intensificó sus esfuerzos para llegar a un acuerdo, intentando cerrar el caso con un ofrecimiento. Presenté mi pretensión y su respuesta fue una negativa, desestimando el valor del daño.

Preparados para una negociación complicada, estábamos listos. Acordamos un punto de cierre: si ofrecían 3 millones, cerrábamos el caso. Zurich comenzó con un millón, luego 2 millones, pero se resistían a llegar a nuestra pretensión. Nos mantuvimos firmes, sabíamos el valor del daño y estábamos decididos a hacerlo valer.

El camino hacia el juicio se asomaba, hasta que, antes de presentar la demanda, la llamada final llegó. No llegamos al estrado judicial. El acuerdo se cerró en 3 millones. La satisfacción de Gabriela era palpable, su alivio era música para mis oídos. La lucha había terminado y la justicia había prevalecido. Una clienta contenta, un caso resuelto con la sensación de haber hecho lo correcto.

Esta historia de Gabriela es un testimonio de perseverancia y confianza en el proceso legal. Cada obstáculo superado nos acercó más al reconocimiento del daño sufrido y a la compensación justa que merecía.